Julia Andreasevich presenta “Espejo de cielo” en la Torre de Villa Victoria

12 junio, 2015

Cuando el vértigo parece dominar todas las instancias de nuestra existencia, encontrar una pausa para sumergirnos en la contemplación de un mundo fuera del tiempo es una autentica caricia para nuestra desolada mente. Por eso celebramos que alguien como Julia Andreasevich pueda regalarnos la posibilidad de capturar porciones de la naturaleza para transformarlas en un instante eterno que parece prolongarse hasta el infinito. Como parte de la muestra #7 de la Beca Mundo Dios, la artista visual Julia Andreasevich presenta "Espejo de cielo" en La Torre de Villa Victoria. En sus trabajos nos muestra el reflejo de un cielo, el ondular de una corriente de agua sobre una playa, diferentes escenas que parecen definir un lugar concreto pero que lentamente van perdiendo su identidad para convertirse en territorios indefinidos, como volviéndose parte de una entidad conceptual que nos arrastra hacía un auténtico torbellino cromático que se extiende por toda la superficie amenazando con tragarnos en su devoradora omnipresencia. En Julia Andreasevich el mar y el cielo, en realidad deberíamos hablar de un conjunto en si mismo, tienen una importancia existencial. Su contacto con la naturaleza significan una exploración artística que traslada en sus acciones visuales, como sus prácticas de buceo con snorkel en su ciudad natal de Puerto Madryn por ejemplo o su viaje a Marruecos que derivó en su serie Arena. No es de extrañar que luego de un exitoso paso por Buenos Aires haya decido recalar en Mar del Plata, otra ciudad con costas marítimas.

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Cuando observamos su obra debemos transitar con una pausa y una entrega a la meditación contemplativa que luego serán vitales para apreciar la magnitud de su puesta en escena. En la primera de la salas vemos montadas dos telas de grandes dimensiones, la primera de ellas está suspendida desde el techo plegada por la mitad, desde allí desciende varios metros por el parquet, una parte es visible al espectador y la otra permanece oculta. La siguiente tela está colgada de la pared y se derrumba sobre nuestros pies como sino encontrara un espacio suficiente para contenerla. Al contemplarlas nos queda una sensación de telón teatral, como si aquellas obras fueron el decorado de una puesta en escena dramática. La experiencia de Julia Andreasevich tiene algo de performático, porque la artista plasma en las telas un atardecer en tiempo real. El cielo modifica sus tonalidades y cada una de esas transformaciones quedan plasmadas en la obra. Ahí está el registro de aquello que se percibe, del recuerdo de lo que se vio, de los tonos que se escapan y se modifican.  Capa tras capa de agua coloreada con acrílico, superpuesta hasta alcanzar un nivel de abstracción con grises, rosas y diferentes tonos azules que cautivan la percepción, la textura húmeda de la pintura que asemeja a la acuarela y el formato amplio de las superficies entrega una poderosa herramienta en favor del despliegue visual .

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La segunda sala presenta un vídeo que se proyecta a modo de loop sobre una pintura. El vídeo contiene un fragmento de una escena en donde contemplamos  la espuma del mar en la superficie de una playa. La superposición de la pintura con la imágenes en movimiento generan unos climas interesantes  que dejan fluir un estado de extrañamiento, casi iniciativo producto de la repetición y el minimalismo de la escena, como si la obra actuara de manera similar al golpe de un tazón tibetano que nos transporta a otro plano de la existencia.  Las burbujas de la espuma crean un juego armónico muy particular, las manchas de la pintura expuestas como veladuras sobre la reproducción visual tienen una fuerte presencia que nos recuerda al efecto de un lente sucio. También es posible contemplar diferentes sombras sobre la contracciones de la espuma de mar, como si una entidad ectoplasmática buscara conformarse durante la grabación.

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El otro trabajo presente en la sala consiste en una serie de piezas en pequeño formato con ensayos experimentales que van iniciando un proceso de purificación del color en torno al azul. Los trazos van conformando diferentes ángulos, perspectivas y variaciones con salpicaduras, manchas,  líneas y bloques de color que crean un interesante entramado producto del juego de superposiciones de capas de pintura. Algunos son simples trazos, apenas perceptible, otros tienen fuertes contrastes con azules intensos.

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Julia Andreasevich  parece dominar el espíritu de la naturaleza para dotarla de conceptos sumamente interesantes. Con una apuesta visual experimental muy rica, tanto en el montaje de las obras como en la combinación de varios medios expresivos, su obra nos adentra por una poesía del instante de gran belleza ¿Qué vemos en los trabajos? ¿Un amanecer, una porción del firmamento o tal vez el cielo de todos los tiempos, el propio infinito? En definitiva Espejos de Cielo es una muestra sorprendente que nos acerca a una exploración de una parte de la inmensidad que reina en el exterior y también en nuestro interior.

Julia Andreasevich "Espejo de Cielo" Museo Villa Victoria Ocampo Matheu 1851, Mar del Plata Para ver más obras de Julia https://www.flickr.com/photos/jupitecus

   

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